Como se ha señalado en algunos artículos económicos interesantes, en el año 2008 se generó una crisis económica mundial, originada en los Estados Unidos. Entre los principales factores causantes de la crisis estarían los altos precios de las materias primas, la sobrevalorización del producto, una crisis alimentaria mundial, una elevada inflación planetaria y la amenaza de una recesión en todo el mundo, así como una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados.


La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en su primer discurso en la 63ª Asamblea General de la ONU denominó a dicha crisis como Efecto Jazz, dado que el origen de la crisis fue el centro de Estados Unidos y se expandió hacia el resto del mundo, en clara contraposición a crisis anteriores que se originaban en países emergentes y se expandían hacia el centro, como fueron el Efecto Tequila, Efecto Caipirinha y el Efecto Arroz.


México no tardó en resentir los efectos de una crisis económica en el país vecino debido, fundamentalmente, a la alta dependencia de la economía mexicana en su comercio exterior con los Estados Unidos y a la caída en las remesas provenientes de los emigrantes, producto de la desaceleración de la economía norteamericana. El efecto dominó que esto tuvo en todos los sectores de la economía mexicana tardaron unos meses pero finalmente se hicieron presentes. El desempleo abierto en México subió y muchos miles de personas quedaron desempleadas. Otras disminuyeron sus ingresos y para colmo, las sociedades enfrentaron una restricción crediticia.


Todo lo mencionado repercutió en que muchos deudores, personas físicas y morales, se vieran imposibilitados de cubrir sus compromisos especialmente de naturaleza hipotecaria. Por ello, los acreedores, muchas instituciones financieras, han entablado demandas en su contra. Hoy el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal tiene registradas miles de demandas de esa naturaleza. En este caso, el riesgo de perder los juicios implica la pérdida de la propiedad, muchas veces único patrimonio de las familias. En el caso de las sociedades, muchas de estas fueron avalados o respaldadas por los socios que asumieron obligaciones solidarias y, por ende, igualmente tienen en riesgo sus bienes. Por tanto, la defensa del deudor debe hacerse por verdaderos especialistas en la materia que conozcan tanto la parte sustantiva como procesal de los asuntos y esta firma lo es. Difícilmente puede encontrarse un despacho con mejores cualidades de conocimiento, experiencia y seriedad para solucionar los asuntos. Por ello, estamos a sus órdenes para la defensa de sus intereses.